viernes, junio 17, 2011

¿Revoluciones 2.0? Causa vs. efecto

Tomado de: Rrevoluciones

¿Revoluciones 2.0? Causa vs. efecto

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Este viernes tengo el inmenso placer de debatir en el Museo de San Telmo de Donosti el papel de las redes sociales en las movilizaciones ciudadanas que están transformando el mundo árabe. Y es que mi compañero de mesa es un auténtico lujo: Sofiène Ben Haj M’Hamed, uno de los blogueros más activos y significativos de Túnez. Por fin podremos conocer desde las entrañas cuál es la incidencia real de las redes sociales en las revoluciones de los países del norte de África.
Por mi parte, yo pondré mi punto de vista desde el cómodo sofá de mi casa, asomada a la pantalla de mi ordenador y a los medios convencionales de comunicación que nos rodean. Veremos si ambas visiones son coincidentes.
¿Y cuál es mi percepción? La dejo por aquí para contrastarla con la vuestra y enriquecerla antes del viernes.
¿Realmente se cuecen las revoluciones internamente en Internet o las redes sociales lo que son es una gran altavoz para comunicar hacia fuera lo que sucede?
Yo soy muy escéptica y me cuesta creer el papel que se nos ofrece desde los medios de comunicación tradicionales y la propia web donde se proclama a Twitter o Facebook como los motores del cambio social (y para más inri, luego transcienden noticias del calibre de “Padre egipcio llama a su hijo Facebook“).
Me cuesta creer ese papel porque la brecha digital es demasiado honda (en Egipto, por ejemplo, el índice de penetración de Internet era de un 20% en 2008; en Libia, hay cerca de 350.000 internautas en una población de más de seis millones). Y estos números sólo hablan de acceso (dentro del acceso hay que valorar las sub-brechas derivadas del conocimiento de plataformas y su uso).
Me cuesta creer ese papel, porque los ciberdisidentes tienen un papel muy difícil ante regímenes dictatoriales que controlan el acceso a Internet (por ejemplo, las autoridades egipcias cortaron la Red al inicio de la revuelta). No hay más que echar un ojo al mapa de cibercensura que han elaborado Reporteros Sin Fronteras.
Es por esto que merece la pena recalcar la diferencia entre causa y efecto. Los cambios sociales y políticos son fruto de unos precedentes en el mundo off-line. La mecha no se prendió en las redes sociales. Otra cosa es que las TIC sirvan de catalizador (desde el poderoso impacto que supuso los SMS a las manidas redes sociales). Pero yo no confundiría “altavoz viral” (efecto) con “germen de una revuelta” (causa). Ese altavoz viral lo que sí puede ejercer es una presión mediática en los países de Occidente para que reaccionen de manera que no pierdan popularidad ante sus conciudadanos (aunque seguimos viendo que nada tiene tanto efecto como oler el petroleo ;-) ). Pero esto tampoco está causado por las redes sociales sino por la nueva forma del mundo en el que vivimos: un mundo globalizado, donde nos llegan noticias de cualquier rincón del planeta. ¿Que Twitter ha reducido a la mínima expresión el tiempo que tardan en llegar esas noticias hasta nuestros ojos? Totalmente de acuerdo.
Otra máxima que se cumple es la famosa frase de McLuhan: “El medio es el mensaje“. Las herramientas moldean la forma en que nos comunicamos. Las redes sociales nos imprimen su velocidad, su inmediatez, su brevedad, su autogestión, … Con el tiempo, las características de esas herramientas cambian lo que vemos y cómo lo vemos.
También se habla de las redes sociales como la panacea horizontal de la comunicación (la larga cola, que diría Chris Anderson) y, sin embargo, nuestra sociedad sigue estando necesitada de héroes con nombre y apellidos (o en este caso, nick) que pueblen nuestras pantallas. Y si no, que se lo digan al egipcio Wael Ghonim, ejecutivo de Google, que de la noche a la mañana se convirtió en un referente de la revolución egipcia. Es lo que se conoce como un “influyente” o más bien, “influenciador” (si existiera la palabra ;-) ). Sin embargo, quizás el problema venga de pensar que todos sus compatriotas son iguales a él. De la misma manera que nosotros aplicamos la regla de tres al resto de la sociedad que nos rodea pensando que pasa el mismo tiempo en redes sociales o tiene el mismo conocimiento de la Red. Endogamia pura y dura que nos nubla la vista y nos pone un cristal que no nos permite ver que pertenecemos a una minoría sesgada. La marabunta social motor de las revueltas estaba compuesta por esas clases medias, cultivadas y occidentalizadas, que tienen acceso a las TIC y saben sacarles chispas, pero sobre todo de las clases populares, que no usan Facebook o Twitter. Esas clases populares fueron las que reventaron tras llegar al límite de su aguante.
Otra cosa que me parece paradójica hasta al extremo es que se hable de derrocar regímenes dictatoriales en plataformas tan sumamente cerradas, donde una fotografía de una madre amamantando a su bebé puede ser censurada. Recientemente leía al padre de la web, Tim Berners-Lee, lo siguiente: “Las Redes Sociales son sólo cotos cerrados que no favorecen el intercambio real de ideas o de intereses, sino simplemente sirven para reforzarlos y conectar personas de ideas similares, llegando incluso a los extremos, sin favorecer el debate“. También solemos asociar a Twitter o Facebook propiedades mágicas como las inherentes a un servicio distribuido, con miles de voces y difícilmente controlable por un regímen. ¡Mentira! De distribuido tienen muy poco estas plataformas. Son servicios muy centralizados y fácilmente controlables por los Estados (por no hablar de lo sencillo que es también infiltrarse, espiar o incluso manipular información y/u opinión).
Las revoluciones siguen cociéndose en las plazas y no apretando botones de “Me gusta”. O como decía Moisés Naím: Ni Facebook, ni Twitter: son los fusiles.

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